Puntos de referencia para la determinación de intervalos de calibración

Desde el punto de vista estrictamente teórico, una calibración es válida sólo en momento de su realización.

Pero en la práctica, a menudo se plantea la cuestión de con qué frecuencia realmente hay que efectuar una recalibración. Básicamente el responsable de determinar los intervalos de calibración es el usuario. Cuando existen normas expresas sobre la recalibración, por ejemplo, en el manual de gestión de la calidad, éstas son la fuente de referencia obligatoria para los tiempos de recalibración. En algunas aplicaciones, dichas normas pueden estar asimismo contenidas en normas internacionales, tales como ISO 376 para dispositivos de medida de fuerza o certificaciones de emisión de gases de los automóviles.


En las mediciones que requieren el máximo con respecto a las propiedades de medición perfectamente conocidas, se persigue que la calibración tenga respuestas realmente válidas sólo en el momento de su realización. Como consecuencia, se utiliza un procedimiento extremadamente costoso dado que se realiza una calibración tanto antes como después de cada medición importante. Algunos ejemplos de mediciones donde se aplican las mencionadas altas exigencias se encuentran en el marco del Servicio de Calibración Alemán (DakkS) para la calibración de dispositivos o en el marco de certificación de modelos de automóviles según la disposición de emisión de gases.


Cuando en la práctica industrial se sigue un criterio pragmático, tal como se recomienda expresamente en la norma ISO 10012, entonces resulta sensato permitir una cantidad mayor de mediciones o un determinado intervalo de tiempo entre dos calibraciones en la mayoría de las aplicaciones. Si de este modo las desviaciones de una calibración con respecto a la calibración anterior se encuentran dentro del marco de los requisitos metrólogicos, entonces los resultados que se obtuvieron con el aparato de medida estarán justificados posteriormente. Si, en cambio, las desviaciones son mayores, entonces surge la cuestión de limitar las mediciones únicamente a un valor informativo o eventualmente incluso repetirlas. La decisión en cuanto a la duración del intervalo de calibración depende entonces del examen comparativo de los costes de una recalibración más frecuente (inclusive la inversión de tiempo) por un lado, y de los costes de unos resultados de medición sin valor, de mediciones posteriores, de campañas de retirada etc., por otro lado.


Otro aspecto importante a tener en cuenta es además la probabilidad de modificaciones de las propiedades de medición, que pueden provocar desviaciones significativas en los resultados de una calibración a otra. En lo que respecta a la calidad, se puede resumir que determinadas condiciones sugieren una calibración más frecuente, por ejemplo, un número elevado de horas de funcionamiento (trabajo por turnos), temperaturas extremas, funcionamiento con cambio de cargas permanente en transductores de medición de dimensiones, suciedad y humedad. En estos casos deducir resultados cuantitativos con la ayuda de los datos del fabricante de los aparatos de medición utilizados requeriría para cada tipo de transductor o técnica de medición numerosos datos estadísticos, que normalmente no están disponibles. En cambio, con un seguimiento continuado, el usuario puede obtener una impresión muy exacta sobre el comportamiento característico a largo término de los aparatos que aplica exactamente en las condiciones de uso que imperan en cada aplicación.


En otras palabras, cuando, por ejemplo, un amplificador de medida se opera en un banco de ensayo en el cual las condiciones de aplicación son duras y los costes altos, si posteriormente los resultados de medición no se consideran fiables, entonces convendrá una recalibración después de 6 ó 3 meses. En cambio, cuando tras la primera o segunda recalibración se demuestra que las propiedades de medición permanecen estables, es probable que en el futuro el amplificador permanezca estable, por lo que se puede decidir prolongar el intervalo de calibración. Así pues, un procedimiento cuyas condiciones permiten prolongar los intervalos de calibración, debería formar parte del sistema de gestión de la calidad, para lo cual se considerará, al menos por igual, la reducción de intervalos de calibración debido, por ejemplo, al desgaste o a la desviación.

Otra ayuda para decidir la adecuación de los intervalos de calibración son las comparaciones cruzadas entre varios aparatos de medición calibrados, por ejemplo, cuando un laboratorio de medición cuenta con varios transductores de par y dispone de la infraestructura requerida para mediciones comparativas. Este tipo de comparaciones cruzadas permiten indicar si un intervalo de calibración, que al principio se aplicaba quizás demasiado generosamente, debería en definitiva reducirse.


Partiendo de las condiciones de aplicación, se deduce lógicamente que en cada caso debe procederse a una recalibración cuando un aparato de medida está sometido a cargas que están más allá del uso previsto. Esto abarca desde grandes sobrecargas hasta caídas, pasando por condiciones de extrema temperatura e intervenciones en el apartado por motivos de reparación.

Por:

Dr. Georg Wegener, Hans-Werner Werner, HBM

01.12.2008

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