Autooptimización: La cadena de valor en el internet industrial de las cosas

La industria se enfrenta a nuevos desafíos: la forma de producir está cambiando debido a ciclos de vida de los productos cada vez más cortos, mayor competencia, productos individualizados con lotes más pequeños y procesos más complejos. Todo ello requiere sistemas de producción y plantillas más ágiles y flexibles.

La cadena de valor autogestionada

Pero, al mismo tiempo, se exigen niveles de calidad y productividad altos y sistemáticos. La respuesta es un mundo en el que las máquinas y el entorno digital se fusionen formando una sola entidad. Un mundo con cadenas de valor inteligentes que se organizan y optimizan por sí mismas. Dentro de una misma empresa y entre empresas.

La cadena de valor se enfrenta a grandes cambios estructurales, propiciados por los desafíos del mercado y la innovación técnica. Como consecuencia, están apareciendo procesos de fabricación absolutamente novedosos, que se caracterizan por el empleo de tecnología de producción inteligente y conectada en red, y que se basan en la digitalización, en la integración vertical y horizontal de las empresas, y en los dispositivos de memoria con los que todos los objetos estarán equipados en el futuro. El intercambio de datos dentro de una misma empresa y entre empresas será mucho más sencillo, lo cual hará posible externalizar prácticamente cualquier proceso de negocio. Todas estas posibilidades cristalizarán en nuevas cadenas de valor.

Las cadenas de valor conectadas al internet industrial de las cosas son capaces de controlarse, organizarse y optimizarse por sí mismas. Su objetivo es siempre la optimización de costes, la disponibilidad y el uso de los recursos. Hay tres factores que las hacen posibles: la gestión en red de todos los sistemas que participan en la producción, la disponibilidad de información en tiempo real en cada objeto y en todos los recursos, y la capacidad para determinar el flujo óptimo de valor a partir de esos datos. Las decisiones sobre los procesos de producción, las líneas de fabricación y el control de los recursos ya no dependen de personal humano. Las máquinas son capaces de determinar por sí mismas cuáles son los procesos de producción óptimos. De este modo, la producción se organiza de forma autónoma y no requiere una intervención humana permanente. Ahora bien, también facilita el control humano. 

Las ventajas son evidentes: los productos, las máquinas y los sistemas logísticos conocen su evolución histórica, su estado actual y las distintas alternativas para realizar su tarea. Si se produce cualquier alteración, pueden decidir si es posible continuar con otro paso de la producción. 

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